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Gobernador Secuestrado: Américo Rodeado de Corruptos y Aduladores.

 

Por Luis Enrique Arreola Vidal.

En la política, como en la vida, los refranes populares no fallan. Y si uno define con precisión el momento que atraviesa Tamaulipas es este: “Dime con quién andas y te diré quién eres.” No se trata solo de un juicio moral.

Es un principio de observación pública que hoy retrata la decadencia, el descontrol y el extravío ético de la administración encabezada por el Dr. Américo Villarreal Anaya.

El hombre bueno, el médico íntegro, el político sin mancha, ha sido secuestrado por su entorno. Y el secuestro no es físico, es ético, operativo y comunicativo.

Su gabinete no gobierna: opera. Y no opera para Tamaulipas, sino para sí mismo.

Un gabinete de cuotas, parentescos y complicidades.

En lugar de rodearse de perfiles técnicos, Américo ha cedido las riendas del Estado a personajes que hoy enfrentan señalamientos públicos y expedientes en la Fiscalía Anticorrupción.

El caso más emblemático: Gerardo Illoldi Reyes, secretario del Trabajo, quien no solo reportó ingresos por más de 10.5 millones de pesos en un solo año, sino que colocó a media familia en el gabinete estatal y en el municipio de Victoria.

Un “magistral” ejercicio de nepotismo que ni siquiera intentaron disimular.

Otro caso, aún más delicado por sus implicaciones institucionales, fue la imposición de su primo Dámaso Anaya como rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.

Violando la autonomía universitaria y los requisitos académicos establecidos, la designación fue vista por la comunidad universitaria como una maniobra burda de control político y económico de la máxima casa de estudios.

Lejos de fortalecer la UAT, la manchó con el sello del favoritismo.

La universidad, que debería ser bastión del pensamiento crítico, hoy parece una extensión más del aparato político en turno.

La fuga del gabinete y los silencios sospechosos.

Entre 2024 y 2025, varios secretarios clave abandonaron la administración: Adriana Lozano (Finanzas), José Ramón Silva (Energía), Lucía Aimé Castillo (Educación) y Jorge Cuéllar Montoya (Vocería de Seguridad), todos alegando “motivos personales”.

No hay imputaciones formales, pero la Contraloría Gubernamental investiga contratos irregulares por más de 300 millones de pesos en la Secretaría de Salud, y la sombra del encubrimiento se proyecta sin pedir permiso.

No se trata de renuncias individuales. Se trata de un patrón.

Una cadena de abandonos que refleja descomposición interna, ruptura de lealtades, y, en algunos casos, la necesidad de escapar antes de que el escándalo los alcance.

Una administración que se desangra sin hacer ruido, pero dejando manchas por donde pisa.

Una comunicación rota: del silencio institucional al ridículo partidista.

El punto más débil del gobierno ha sido su estrategia de comunicación, si es que se le puede llamar así.

En mayo de 2025, el escándalo por el pago de 23.2 millones de pesos al despacho Olea y Asociados no fue enfrentado por ninguna autoridad gubernamental, sino por la “desconocida” María Guadalupe Gómez Núñez , presidenta estatal de Morena, en un video que pasará a la historia como ejemplo de lo que no se debe hacer: el partido defendiendo lo que el gobierno no puede explicar.

El mensaje fue claro: el Estado ha sido subsumido por el partido. La institucionalidad ha sido sustituida por la militancia.

A eso se sumó la renuncia de Jorge Cuéllar Montoya, quien no pudo contener la crisis de imagen generada por los rumores sobre la revocación de visas al gobernador y su familia.

Sin una narrativa clara, la comunicación oficial se ha convertido en una cadena de desmentidos torpes, silencios incómodos y confrontaciones innecesarias.

Inseguridad, desconfianza y vacío de poder.

Aunque los datos oficiales presumen una reducción en delitos de alto impacto, la percepción ciudadana lo desmiente.

Retenes ilegales, desapariciones en carreteras y zonas rurales sin control han generado un sentimiento generalizado de abandono.

Tamaulipas no se siente gobernado. Se siente abandonado.

La desconfianza se profundiza con los señalamientos sobre injerencia del gobierno estatal en el Tribunal Electoral de Tamaulipas y presuntas restricciones a la libertad de expresión.

El caso del Dr. Israel Alejandro Valdez, quien denunció amenazas de parte de personas de parte de
Personas del gobierno del estado a través de su cuenta de Instagram @dralejandrovaldez1.

Tras haber ganado una sentencia del expediente 047/2023/1-A por de 541,540,075.30 millones de pesos contra el gobierno, es particularmente grave.

Según lo que cita en la carta publicada en Instagram fue amenizada por personal del Gobierno del estado con la siguiente frase “eres un zancudo en comparacion del poder del estado, y vas a conocer toda la fuerza del estado en tu contra”, por lo que en su carta hace responsable al Dr. Américo Villarreal de lo que le pase a él y su familia debido a que según cita por esta amenaza tuvo que reubicarse fuera del estado él y su familia.

Aunque no hay pruebas definitivas sobre los autores de dichas amenazas, el silencio oficial se ha vuelto una forma peligrosa de complicidad.

La percepción pública no perdona.

Una reciente encuesta nacional publicada por La Jornada colocó a Américo Villarreal como el peor gobernador del país en percepción ciudadana. Y aunque las encuestas no dictan la verdad absoluta, sí revelan un síntoma: la gente ha dejado de creer.

Reflexión final: cuando el poder lo ejercen otros.

En alguna ocasión escuché una frase que se le atribuye a Jonh F. Kennedy mas no pude corroborar su autoría: “Un buen líder no necesita saberlo todo, sino rodearse de personas capaces y confiar en ellas.”

Américo jamás lo dijo. Pero debió haberlo hecho. Y sobre todo, debió haberlo practicado.

Porque su gabinete no está formado por personas capaces.

Está formado por aduladores, operadores políticos, familiares y socios con intereses privados.

Nadie cuida su legado. Todos cuidan su negocio.

Y mientras Tamaulipas espera resultados, lo que recibe son renuncias, escándalos, omisiones… y discursos huecos.

El gobernador aún tiene tiempo.

Pero no tiene margen. Corregir el rumbo exige decisiones valientes: romper con su red de intereses, depurar su administración, asumir el poder que ha delegado y ejercerlo con dignidad, no con resignación.

La pregunta es simple y brutal: ¿quiere ser recordado como el médico bueno que intentó gobernar… o como el gobernador que fue devorado por su propio gabinete?

Porque en Tamaulipas, un estado herido por la historia, ya no basta con ser un hombre bueno.

Hay que ser un líder con el valor de despedir a los suyos que no son suyos.

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