
Por Oscar Díaz Salazar
De las ideas con las que el nuevo / viejo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica ha iniciado su segundo mandato como presidente, ha causado polémica la propuesta para renombrar el Golfo de México, para llamarlo en lo sucesivo como Golfo de América.
Dado el poder de la nación vecina, es posible que el cambio logre consolidarse, ser aceptado por las mayorías, hacerse efectivo a mediano plazo.
El asunto, que es de semántica, de lenguaje, no es un asunto menor, y lo digo pensando en el muy reciente debate que provocó la iniciativa de reformar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para que se contemple la figura de presidenta, con A, como lo señalan las promotoras de esa propuesta.
De la discusión sobre la presidenta con A, destaco la idea, que no se acuñó con este asunto, pero si se popularizó, y me refiero al argumento de que solo existe aquello que se nombra.
Tema similar es el de la ocurrencia lanzada al aire para ganar los quince minutos de fama nacional, para cambiar el nombre del municipio de Gustavo Díaz Ordaz, Tamaulipas, y afirmo que fue ocurrencia porque no se sabe de ningún trabajo, labor, gestión o proyecto, para hacer realidad esta idea, de parte de la presidenta municipal. El tema cobró un poco de seriedad con el punto de acuerdo del senador José Ramón Gómez Leal, dirigido al Congreso de Tamaulipas, para que valorarán esta propuesta de cambio de nomenclatura y tomaran una decisión al respecto.
En esa misma idea de renombrar poblaciones, áreas geográficas, y demarcaciones política y administrativas, les comparto algunas reflexiones mías, que espero sean enriquecidas por los lectores y, tal vez, recogidas por algún diputado, senador u actor político, para hacerlas efectivas.
Renombrar el municipio actualmente denominado Nueva Ciudad Guerrero, para llamarlo Vicente Guerrero. Creo que es nombre más adecuado pues la denominación «ciudad» alude a zonas urbanas, y el municipio contempla zonas rurales, en área superior a las urbanas. Además no es necesario incluir la palabra «nueva», pues la antigua ubicación, sepultada bajo el agua de la presa, ya no existe ni hay expectativa de su resurgimiento a futuro.
Argumentó similar al de Guerrero, aplica para el municipio de Nuevo Padilla.
Cambiar el nombre a Nuevo Morelos, dada la asignación de «Antiguo» al otro Morelos, vecinos y colindantes uno de otro. El personaje José María Morelos y Pavón, está suficientemente honrado con la denominación de un municipio en nuestro Estado.
Cambiar el nombre (y de paso gestionar la emancipación) de Estación Manuel, centro de población del municipio de Gonzalez. Ambas poblaciones, la cabecera González y el poblado Estación Manuel, tienen el nombre y apellido del mismo personaje: Manuel González, uno de los dos presidentes de la república originarios de nuestro Estado.
Para sustituir los nombres que llegaran a cambiarse, propongo algunos: Emilio Portes Gil, Ricardo Flores Magon, Alberto Carrera Torres, Catarino Garza, Marte R. Gómez, José de Escandón, Vazquez Gómez.



