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Y se verán cosas peores

Por Oscar Díaz Salazar

Estamos viviendo una época, en el ámbito de la política, en la que todo es posible, en la que ya no hay pensamientos ni propuestas absurdas, porque todo puede suceder, un tiempo en la que ya no impera la lógica, ni se siguen patrones, ni se cuidan las formas, ni se respetan jerarquías, tradiciones, cultura, vaya, ni siquiera la ley.

Prueba de esto que les digo, tengo varias y muy recientes.

El nombramiento de un fiscal que fue encerrado por siete meses acusado de varios delitos cometidos siendo autoridad (MP) y luego liberado con el clásico usted disculpe, para ser reinstalado en el cargo.

El protagonismo del diputado Ismael García, alias Hermano Lelo, alzando la voz para señalar de corruptos a los que forman parte del gobierno de morena. Omiso en el cumplimiento de sus obligaciones, desde la más elemental que es asistir a las sesiones del pleno y de las comisiones, Mayelo Lelo se erige en el paladín de la justicia, la honradez y la decencia.

La operación burda, simple y grosera para socializar la idea de que el porro Gattas, alcalde menor de la capital tamaulipeca, puede ser el candidato a gobernador del partido y/o coalición que ya lo postuló, y no digo ni escribo de “su partido”, porque su verdadero partido es el PRI, de donde agarró todos los vicios de esas siglas, (que son muchos), y ninguna de las virtudes, (que también son numerosas).

El cierre de oficinas regionales y especializadas del poder judicial, un poder nuevecito, de paquete, flamante y emanado de la voluntad popular, que por lo mismo se esperaría más cercano a la gente, para concentrar facultades, atribuciones, recursos (y bisnes) en las oficinas de la mera mera abogada de Tamaulipas, Tania I de Victoria, soberana de todos los litigios, sentencias, laudos, jurisprudencias, amparos y demandas de Tamaulipas.

La salida de un pez gordo, muy gordo, del gobierno, sin explicación oficial, supuestamente por motivos de salud, pero con la versión alterna de que se empachó con algo que se comió. Sus detractores mencionan cuatro cientos millones de argumentos para su despido.

Y por último, desde el sur, las versiones de una ciudad que dejó de brillar, desde que se instauró la diversocracia, desde que gobierna un grupo que se ha dedicado a saquear el erario, al amparo de la bandera multicolor, y de las complicidades que se crean y fortalecen entre los miembros de la comunidad, precisamente por ser y pertenecer.

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