
José Eleazar de Ávila Pérez
En la Cuarta Transformación pueden existir muchas clasificaciones, sin embargo básicamente dos que ya hemos comentado. Los que tienen probada experiencia institucional, muchos de ellos emanados de la UNPRI.
Y dos, los que sin que importen sus finanzas o la forma en que llegaron, vienen trasnochados de las izquierdas tradicionales, o bien, porque en la circunstancia y sin experiencia fueron incorporados a la Cuarta Transformación.
Con una variable, los que le metieron billetes para literalmente conseguir la adjudicación que les hizo legisladores y/o alcaldes. De este último cuadrante es que nos encontramos con muchos que por estulticia profesional mal administran y confunden orden, con el estar al frente de un “tendajo medieval”.
Ellos no saben de orden, de disciplina y mucho menos de lealtades. Solamente conocen que están, que hay dinero, pero no tienen nociones de lo que es la función pública que va mucho más allá de tener un cargo, por lo que a menudo menos comprenden que el encargo es lo más importante.
Ellos, los “cojos de pensamiento”, piensan que en el gobierno es una empresa heredada a la que le pueden meter mano, pensando que no existen reglas y que ellos son los depositarios de las normas.
Por eso brincan entre lealtades y partidos; y peor aun, cuando se trata de los dineros, se piensan que el capital del pueblo es personal y para sus chicles finos.
Por eso, reiteramos, en Tamaulipas, México y el mundo, existe una expresión. Si poder se sube a la cabeza, es porque sencillamente no estás preparado, o bien porque tus complejos son superiores.
Por eso mismo es que ahora que nos asomamos nuevamente a la administración de Madero de tiempos de Adrián Oseguera, de la que a leguas se nota que lo suyo no es el ejercicio mental y que si no le interesan las formas, menos el orden financiero. ( Insisto, a él, como a muchos, no ha tenido tiempo para hacer una pausa y leer el «Manual de urbanidad y buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos», de Manuel Antonio Carreño).
Por eso mismo leemos que el caso de AOK es patético. Basta con leer en los medios de Madero, que las cuentas Públicas 2023 del Ayuntamiento de Ciudad Madero y del Sistema DIF Municipal, “continúan los procedimientos de investigación y revisión correspondientes por parte de la Auditoría Superior del Estado de Tamaulipas y de la Contraloría Municipal”.
1.- La Auditoría Superior del Estado revisó una muestra de recursos correspondientes a Egresos de Libre Disposición y emitió observaciones que derivaron en 87 Promociones de Responsabilidad Administrativa, actualmente en etapa de investigación, relacionadas con 12 exservidores públicos. Asimismo, la ASE mantiene en seguimiento Pliegos de Observaciones relacionados con un probable daño a la Hacienda Municipal por un monto de 132.69 millones de pesos.
Y 2.- En el caso del Sistema DIF Municipal de Ciudad Madero, la Auditoría Superior del Estado emitió 27 Promociones de Responsabilidad Administrativa, actualmente en investigación, relacionadas con seis exservidores públicos. De igual manera, mantiene en seguimiento Pliegos de Observaciones vinculados con un probable daño a la Hacienda Pública por un monto de 4.62 millones de pesos.
De eso estamos hablando. De graves inconsistencias, de las que, más allá de ser subsanadas, si es que se puede por “vómito negro”, lo que revela es que para Adrián Oseguera tiene deudas de cumplimiento “deliberadas”, con las instancias que estamos citando.
Es, digamos, el modus operandi del que hablamos al principio. Cuando eres un villamelón político, ese es el resultado, que si usted le agrega la altísima sospecha de que la personalidad del funcionario es proclive a tomarse la administración por su cuenta, ahí están los resultados.
Dime de dónde vienes y te diré quién eres. Lo decíamos hace varios días. En concreto, Adrián Oseguera Cantúrosas fue alcalde de Madero, siglado por Morena, emanado de un “draft”, donde trasciende compró ficha.
Dicen que no hay bandido que no sea simpático, pero vemos que aquí, la regla está absolutamente rota.
Nostra Política.- Aquel que pregunta es un tonto por cinco minutos, pero el que no pregunta permanece tonto por siempre. Proverbio Chino.
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