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Censura moderna

Por Oscar Diaz Salazar

Los avances tecnológicos han impactado fuertemente a las empresas de los medios de comunicación, empresas que se están transformando, evolucionando e incluso muriendo, como ya ocurrió con muchos medios impresos (periódicos o diarios) de nuestro municipio (escribo en Reynosa) y Estado.

Los teléfonos celulares con cámara fotográfica y grabadora de sonido, han modificado a los medios de comunicacion, sus alcances, su impacto y su monopolio de la verdad y de la opinión.

Este fenómeno que se sigue estudiando, y que aún no sabemos hacia dónde nos conduce, el de la revolución en la forma como nos comunicamos, tiene un lado positivo para la sociedad, porque nos ha convertido a todos – los que desean o tienen la suerte de atestiguar hechos- en testigos de los sucesos y/o protagonistas de su difusión, análisis y reflexión sobre lo acontecido.

Hoy basta con un teléfono inteligente, en manos de un individuo no necesariamente inteligente, para difundir una noticia o transmitir una opinión. En los tiempos actuales no necesitas tener una nave industrial para albergar una rotativa, más oficinas, talleres, equipos de pre prensa y un numeroso equipo humano para hacer periodismo. Tampoco hace falta el permiso o concesión para operar una radiodifusora o canal de televisión, mas los equipos e infraestructura para emitir las señales, para ofrecer noticias, música o entretenimiento por medios audiovisuales.

Pero así como hoy basta con un teléfono inteligente para compartir notas y opiniones, de forma escrita o audiovisual, esa libertad que ganamos para expresarnos, recibe también atención de los censores que se las ingenian para intentar callarte u ocultar lo que escribes o dices.

Les comparto estas reflexiones porque tengo un ejemplo muy claro, muy reciente y muy personal de las modernas formas de censura que utilizan individuos “pagados” por gobernantes y actores políticos para censurar a quienes nos dedicamos a informar y opinar sobre los asuntos públicos.

Después de varios intentos de “tumbar” mi página de Facebook (fan page) y la cuenta de esa red social con mi nombre, lo lograron. Hoy comparto estas notas desde una cuenta nueva, aunque con el mismo nombre, mi nombre. También abrí la fan page “El Cadillo”.

Seguiré batallando con los asalariados del gobierno que “sabotean” la vía de comunicación que en algún momento pensé que sería la más libre de cuantas existen en la actualidad, y me refiero a los grupos de watsap, que se han convertido en la fuente de trabajo de varios pseudo periodistas que desquitan la chuleta “tapando” las notas críticas bajo una avalancha de “links” o vínculos hacia decenas de boletines de prensa, que terminan por desplazar las notas incómodas en las pantallas de los teléfonos celulares.

Termino compartiendo con ustedes mi intención de seguir publicando, mi convicción de seguir opinando sobre los asuntos públicos, aunque incomode a los funcionarios, actores políticos y fauna de compañía.

 

A ver quien se cansa primero.

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