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Unidad sí, pero con México, no con la impunidad.Unidad sí, pero con México, no con la impunidad.

 

Por: Luis Enrique Arreola Vidal

 

Nos piden unidad, pero unidad no es callar, no es resignarse, no es ser cómplices. Nos exigen cerrar filas en torno a un proyecto que debilitó nuestras instituciones, que nos entregó a la delincuencia y que justificó su fracaso con dogmas en lugar de soluciones.

México no necesita unidad para obedecer, sino unidad para exigir. Unidad para reconstruir el país, no para seguir tolerando su destrucción.

Nos hablaron de abrazos, nos dieron balazos. Nos prometieron paz y nos dejaron en medio de una guerra no declarada, donde el enemigo no era el crimen, sino la justicia. Durante seis años, López Obrador pactó con el narco, justificó su existencia, debilitó al Poder Judicial y eliminó cualquier contrapeso que pudiera cuestionarlo. Hoy vemos el saldo de esa traición: un país tomado por el miedo, una democracia sometida al crimen organizado y una nación que se ha convertido en tierra de nadie.

Blindemos a México desde adentro.

Ahora nos enfrentamos a una nueva realidad. Con Claudia Sheinbaum al frente del país, por primera vez en años parece haber un intento real de confrontar la crisis de seguridad. Pero el reto es monumental y la oportunidad de corregir el rumbo no puede desperdiciarse.

La mejor forma de enfrentar ataques del exterior es disminuir nuestras vulnerabilidades internas. Y quizá las más evidentes sean la expansión del crimen organizado y la vulneración del Estado de derecho.

Porque no podemos hablar de soberanía cuando el crimen es quien impone candidatos.
No podemos hablar de justicia cuando los jueces son asesinados.
No podemos hablar de unidad cuando la corrupción sigue protegiendo a los poderosos.

Si Claudia Sheinbaum realmente quiere diferenciarse de su antecesor, debe romper con la estrategia fallida de los abrazos y la impunidad, y consolidar una política de seguridad que garantice que el Estado recupere el control de México.

Y hay señales de que algo está cambiando:
• 94,240 criminales detenidos, de los cuales 12,319 están ligados al crimen organizado y 8,509 eran objetivos prioritarios.
• Capturas clave como Rafael Caro Quintero y Ovidio Guzmán, dos de los capos más buscados del narcotráfico.
• Decomisos históricos de armas y drogas, golpeando la economía de los cárteles.
• Operativos estratégicos en estados donde antes el gobierno ni siquiera se atrevía a intervenir.

Este cambio ha sido impulsado por Omar García Harfuch, un funcionario que ha demostrado en la Ciudad de México que sí se puede combatir al crimen con inteligencia y coordinación.

Pero esto no es suficiente. Si realmente queremos recuperar México, no basta con capturar a algunos narcos y hacer decomisos espectaculares. Se necesita una reforma estructural de las instituciones de seguridad, justicia y gobierno. Se necesita devolverle al país la certeza de que la ley se respeta y se aplica.

Sin un Poder Judicial independiente, la seguridad es una ilusión.

Hay una pieza clave en esta ecuación que sigue en riesgo: el Poder Judicial.
Las instituciones de seguridad pueden capturar delincuentes, pero sin jueces independientes que garanticen que los procesos judiciales no sean manipulados por intereses políticos o criminales, la impunidad seguirá intacta.

Desde el gobierno, se ha impulsado una campaña contra la Suprema Corte, contra jueces y contra ministros que no se doblegan ante el poder. Se les ha atacado como si fueran enemigos del pueblo, cuando en realidad son el último dique de contención entre la legalidad y el caos.

Si Sheinbaum realmente quiere combatir la impunidad, debe tomar una decisión clave: ¿Defenderá la independencia del Poder Judicial o seguirá el camino de su antecesor y buscará someterlo?

Porque no hay seguridad sin justicia. No hay Estado de derecho si el gobierno quiere controlar cada sentencia y cada decisión judicial. Sin un Poder Judicial independiente, cualquier avance en seguridad será efímero.

Unidad sí, pero con instituciones fuertes, no con la impunidad.

Nos piden unidad, pero unidad para qué y con quiénes.

Nos quitaron demasiado:
• Nos quitaron seguridad con una política que favoreció a los criminales.
• Nos quitaron justicia debilitando al Poder Judicial y eliminando contrapesos.
• Nos quitaron la verdad destruyendo los organismos de transparencia.
• Nos quitaron el derecho a elegir libremente permitiendo que el narco decida quién gobierna.

Ahora nos piden unidad. Pero la unidad que México necesita no es la de la sumisión, sino la de la exigencia.

Que quede claro: unidad sí, pero con México. Con su soberanía. Con la construcción de instituciones fuertes. Con un país donde el gobierno sirva a la gente y no al crimen.

No con la impunidad. No con la simulación. No con la mentira.

El país no necesita un pacto de silencio, necesita un grito de exigencia. Unámonos para exigir que se atienda la crisis de seguridad ya. México no puede seguir esperando.

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