
Por: Luis Enrique Arreola Vidal.
(Agárrense: esto está más caliente que un comal del domingo pasado).
Un fantasma con nombre y apellido.
Como en la telenovela ochentera “El extraño regreso de Diana Salazar”, donde la protagonista vuelve con fuerzas sobrenaturales para saldar cuentas, Tamaulipas vive hoy su propia reencarnación política: el retorno de Américo Villarreal Santiago —Américo III para los iniciados—, hijo del gobernador, desenterrado del olvido burocrático y con ganas de repartir golpes de realidad.
No levita ni incendia muebles con la mente, pero mueve voluntades, presupuestos y estructuras con la misma facilidad con que prende el carbón.
Y, como en la novela, su llegada no es casual… es kármica.
Parrillada de alto voltaje.
Una tarde cualquiera, humo de asador, carne chirriando, sonrisas ensayadas.
Ahí irrumpe Américo III con la seguridad de quien se siente patrón de la hacienda pública —más cacique que príncipe— y a su vera, llevado casi del cabestro, el rector de la UAT, Dámaso Anaya.
Sin pronunciarlo, el mensaje fue clarísimo:
“Yo te coloqué, compadre; no olvides a quién le sirves”.
No fue saludo protocolario; fue golpe en la mesa. Un “aquí mando yo” que atravesó los jardines como cuchillo caliente.
La reencarnación anunciada.
Tal como Diana Salazar revivía traumas de otra vida, Américo III regresa de su exilio en Coahuila con la memoria intacta de lo que considera suyo y está dispuesto a recuperarlo.
Los enchufados que hoy ocupan oficinas, y los mercaderes que hurgan el erario como piñata, sienten su sombra como amenaza. Quienes antes lo llamaban “licenciado” hoy prefieren verlo lejos; saben que el retorno significa reacomodo de piezas y posibles castigos.
Y ojo: no es la oposición quien lo golpea; lo golpean los suyos.
Desde el propio gobierno filtraron bitácoras de 25 vuelos en Cessna (casi 800 000 pesos en queroseno político) y fotografías de camionetas blindadas.
Quieren achicharrarlo en la hoguera de la sospecha… pero él ya está de vuelta y no está solo.
Aquelarre de palacio.
En la trama aparece la doctora María Santiago de Villarreal, madre de la criatura y jefa silenciosa del “DIF- ESTADO”.
Observa, calcula y —cuentan en pasillos— afila el látigo para exorcizar traidores.
Madre e hijo, versión de Diana y Leonel, se alistan para el manotazo que estremezca pasillos y expulse a los parásitos que se sienten dueños del banquete.
Los vivales que reparten presupuestos como tacos de billetes no quieren al heredero cerca:
“Que se quede cazando venados en Coahuila”, murmuran, mientras firman contratos más torcidos que camino de brecha.
Pero saben que, con María y Américo III en escena, la fiesta puede acabar en requisa.
¿Héroe o villano?
No hay que romantizar: Américo III no viste capa ni porta espada justiciera. Lleva a cuestas
•señalamientos de desvíos,
•videos cinegéticos que indignaron a medio internet,
•rumores de nexos con un tal “La Fresa”, y todo eso salió de su propio ecosistema político, lanzado por manos internas que hoy temen su regreso.
En Tamaulipas la lealtad es tan resbaladiza como anguila en aceite.
2027: la profecía se acerca.
Falta poco para la sucesión.
Américo III no pretende ser actor de reparto; quiere protagónico. Ya fue operador, coordinador, sombra.
Ahora busca luces propias, aunque deba enfrentarse a su propia casa.
La pregunta dejó de ser si volverá. Ahora es cuándo y en qué condiciones.
Quizá, como Diana Salazar, deba encarar la hoguera; quizá el ciclo se repita en un bucle de traiciones y venganzas.
Pero algo es indiscutible: el extraño regreso ha empezado y, en Tamaulipas, el fuego no lo enciende el carbón… lo enciende el poder.
Espectadores inquietos.
Esto es un thriller de patio—, y el actor principal no llegó a provocar risas: llegó a imponer disciplina.
Así que prepare sus palomitas, ajuste el asiento y sostenga el sombrero; el show apenas comienza, y los tigres del Palacio todavía no deciden quién muerde primero.



