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SINGULAR.

PRIETO: EL TRAIDOR CON SONRISA.

Por: Luis Enrique Arreola Vidal.

La política mexicana no cae por los enemigos que atacan de frente.

Cae por los traidores que sonríen, aplauden y juran lealtad… mientras esperan el momento de clavar el puñal por la espalda.

Humberto Prieto Herrera es ese traidor.

Recibió apoyo incondicional del gobernador Américo Villarreal y de su círculo más cercano.

Le abrieron todas las puertas, le dieron poder y lo pusieron al frente de la Junta de Gobierno del Congreso.

¿Cómo paga? Traicionando.

Se comenta con fuerza —y el gobernador ya está enterado— que Prieto ha hecho alianzas por debajo del agua con sus antiguos patrones.

Acuerdos oscuros mientras finge lealtad al proyecto actual.

Por eso, en los honores del lunes 8 de junio en Palacio de Gobierno, recibió un trato frío, distante, de quien ya no cree ni en su palabra ni en su lealtad.

El descontento es generalizado.

Dentro de Morena y en todas las representaciones hay hartazgo de un liderazgo mediocre, confrontacional y corrupto.

Prieto no construye puentes: los dinamita. No genera consensos: genera rechazo.

Es tan cínico que nunca ha transparentado el origen de los recursos que usa para su promoción personal permanente.

Su corrupción es tanta que ha llegado hasta la mañanera, donde la propia presidenta Claudia Sheinbaum tuvo que ordenar investigar el caso de la nómina secreta del Congreso de Tamaulipas, en la que aparece su esposa Verónica Garza Ayala recibiendo cientos de miles de pesos sin que su nombre figure en las nóminas públicas.

Peor aún: se comenta que realiza colectas entre los propios diputados “para el DIF Tamaulipas” sin rendir cuentas de un solo peso.

Todos lo saben. Todos hablan de su voracidad devoradora.

Él ha sido el principal orquestador de la guerra sucia contra los reynoses, especialmente contra la diputada Magalí Deandar.

Contra una dama ha desatado una persecución sin honor, sin cuartel y sin decencia.

Eso no es liderazgo. Eso es misoginia política.

Prieto no genera simpatías.
Ni aunque fuera un perro en un circo de pulgas.

Imagínense que este funesto personaje fuera candidato de Morena a la alcaldía de Reynosa.

Sería la pesadilla perfecta: opacidad total, recursos de origen dudoso, extorsión disfrazada de “aportaciones” y un gobierno basado en la traición y el chantaje.

Afortunadamente para Reynosa y para Tamaulipas, eso no sucederá.
Porque hay una regla que nunca falla: Los enemigos pueden derrotarte.

Los traidores con sonrisa terminan destruyendo todo lo que los hizo posibles.

¡Quien mata a puñaladas, No puede morir a besos!

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