
El gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha, se convirtió en un factor de tensión política y diplomática en el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ya marcó distancia de él por su decisión de regresar al poder estatal, en el que estuvo menos 48 horas.
Ese tiempo bastó para pasar del respaldo del gobierno federal y la cúpula de Morena a dejarlo solo y presionarlo para que abandonara el cargo, mientras dentro del país crecen las voces que exigen poner fin al “rochismo” y, desde Estados Unidos, aumentan los llamados para que enfrente a la justicia de ese país.
Especialistas consideran que la petición desde Washington implica un mensaje claro: México tendría que entregar a Rubén Rocha o enfrentar nuevas medidas de presión diplomática.



