
Por Oscar Díaz Salazar
En eso que don Daniel Cossio Villegas definía como el estilo personal de gobernar, en el caso del doctor Américo Villarreal Anaya, por su frecuencia, la importancia que le otorga y la certeza de que ocurrirá, destaca la ceremonia cívica / política de honores a la bandera, que lunes tras lunes preside el gobernador.
Los honores a la bandera, por ser un evento programado, bastante predecible y con un formato que no permite muchas variantes, ya no “es nota”, ya no es materia para los comunicadores y comentaristas que se ocupan de los quehaceres y decires de los gobernantes.
En el caso de los honores a la bandera celebrados el lunes 27 de abril en la escuela primaria República de México, de Ciudad Victoria, considero que fue muy importante y exitoso el regreso a los orígenes de esta práctica que es habitual en las instituciones educativas de nivel básico en nuestro país.
El Doctor Miguel Ángel Valdez, secretario de Educación en Tamaulipas, tuvo el acierto de fungir como anfitrión de los honores a la bandera de la semana en curso, precisamente en la célula básica de la dependencia que dirige, en una escuela primaria, y ya no en un recinto cerrado o en la explanada del edificio sede de la SET, con burócratas como público y como protagonistas del acto.
La comunidad escolar de la primaria República de México fue acompañada en esta semana por personalidades como los representantes del poder ejecutivo, legislativo y judicial del Estado, y de la máxima autoridad estatal en materia educativa, contando también con el representante sindical del gremio magisterial.

Aunque parezca algo tan obvio, evidente y simple, es muy valioso, y hasta necesario, que los funcionarios públicos no olviden cuál es la parte sustantiva de su trabajo, no olviden a quien se deben y para quien trabajan, y por eso me parece un gran acierto que el titular de la SET propicie este regreso a las aulas de las máximas autoridades de Tamaulipas.
Espero que se vuelva una costumbre, una buena costumbre, la interacción de los gobernantes con las comunidades educativas, para estimular el nacionalismo, y para colaborar en el desarrollo todas las facultades de los estudiantes, tanto en lo individual como en lo colectivo.
Puede usted pensar que es ridículo hacer el elogio de las autoridades por visitar una escuela. En mi defensa diré que no hay manual, teoría ni estrategia que sea más valiosa y útil que el contacto directo con la realidad, y en materia educativa, la realidad que importa ocurre en las escuelas.



