
Oscar Pineda
La reciente actuación de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) en Ciudad Victoria ha destapado un conflicto que llevaba décadas incubándose en silencio: la ocupación de zonas federales a lo largo del río San Marcos, tanto por viviendas como por instituciones educativas, entre ellas el emblemático Colegio Antonio Repiso.
Más de 90 familias han sido notificadas de que deben desalojar. Conagua ha clausurado áreas del colegio por supuesta invasión de terreno federal.
La reacción pública ha sido inmediata: hay indignación, miedo y muchas dudas. Sin embargo, el problema no puede analizarse solo desde la superficie.
Aquí no basta con buscar culpables en quienes hoy habitan o administran esos espacios. El verdadero problema está en el origen: ¿quién autorizó estas construcciones en una zona que por ley pertenece a la nación?
Durante décadas, autoridades municipales y estatales permitieron —o al menos toleraron— el crecimiento irregular en zonas de riesgo.
La Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente del municipio fue quien otorgó los permisos. No se puede hablar de “ignorancia” o “descuido”. Aquí hay una cadena de decisiones, con nombre y firma, que deben ser revisadas a fondo.
Hoy el Estado pretende corregir el error desalojando a ciudadanos y cerrando instituciones, pero eso no es justicia, es sólo un acto de autoridad.
Lo que está haciendo ahora no es remediar un problema, sino agudizarlo. Es cierto, corren riesgos, pero no se trata solamente de decirles “váyanse”; se trata de apoyarlos y darles soluciones. Al menos darles facilidades para adquirir otro patrimonio y un poco más de tiempo para desalojar.
Porque ante esto, podrán venir las quejas, las protestas y las manifestaciones que será, sin duda, una piedra en el zapato para las tres instancias de gobierno.
Lo justo sería fincar responsabilidades a quienes lucraron políticamente o administrativamente autorizando lo que la ley prohibía.
Porque si no se sanciona a los que permitieron construir en zona federal, este mismo guión se repetirá en otros márgenes, en otros ríos, en otras ciudades.
EL PERSONAJE
El personaje de esta semana no es una persona sino una institución: el Ayuntamiento de Victoria, en sus distintas administraciones, que durante más de medio siglo miró hacia otro lado mientras el cauce del río San Marcos se llenaba de concreto y construcciones.
Ya lo comentaba hace unos días mi compañero Mauricio Zapata en su Punto por Punto: el problema nació por buscar votos; por ver no más allá de las siguientes elecciones. Por tratar de verse dadivosos en vez de asumir el papel de planificadores.
El problema no nació ayer. Lo sembraron ellos. Y hoy, los ciudadanos cosechan las consecuencias.
POSDATA
Que no nos engañen con la narrativa de legalidad. Si hay voluntad de corregir, que empiecen por investigar y sancionar a quienes dieron el primer paso hacia la irregularidad.



