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Mónica Villarreal: presidenta de cuarta

Por Oscar Díaz Salazar

Debe ser muy triste y frustrante, para la presidenta municipal de Tampico, Mónica Zacil Villarreal Anaya, que de manera constante sus representados la comparen con su antecesor, y que invariablemente sea la perdedora en esa valoración.

Con más de un año intentado desempeñar con decoro, ya no digo con éxito, el cargo que su hermano le consiguió, Mónica Villarreal ya tomó conciencia que la silla le quedó grande y que Chucho Nader le dejó muy alta la vara, y por eso más que esforzarse por alcanzar los niveles y estándares de obra pública, limpieza, recolección de basura, atención ciudadana y servicios públicos, del gobierno anterior, la alcaldesa porteña (en realidad victorense) tiene tiempo intentando borrar el legado de Chucho Nader.

Desde hace varios meses, de manera constante y sistemática, una cuadrilla de empleados municipales, atienden la indicación de la presidenta Villarreal Anaya, de retirar, eliminar, pintar o borrar la huella de la administración panista que le antecedió, específicamente de la imagen distintiva de la administración municipal en los dos periodos que presidió Jesus Nader, que en su oportunidad fueron plasmadas en las obras, equipos, mobiliario urbano e infraestructura construida o instalada por el gobierno municipal.

Consciente de que su aportación a la infraestructura urbana ha sido minúscula, – tirándole a pinchurrienta -, Monica Villarreal pretende eliminar la enorme y muy positiva huella que dejó Chucho Nader en todos los rincones del municipio, en un intento de hacer lucir su muy escueto aporte a la obra pública y los servicios municipales.

Mónica Villarreal, la priista victorense que hoy se ostenta como la vanguardia del humanismo y la corriente política progresista y de izquierda, debe saber que los pueblos tienen memoria, que los ciudadanos atesoran los recuerdos y los sentimientos de gratitud para los gobernantes que se ocuparon de su bienestar y su progreso material, pero también recuerdan a los advenedizos que llegaron a Tampico para lucrar, enriquecerse y beneficiar a una familia y una cofradía.

Es infantil y muy mezquino pretender igualar o superar a un personaje y su obra, intentando negar sus aportes para que no desmerezcan los propios, tal y como lo pretende hacer Monica Villarreal con el legado de Chucho Nader.

Les comparto las fotografías de tres ejemplos, que no agotan el tema, son solo ejemplos, de ese afán de borrar la imagen institucional del gobierno de Chucho Nader.

Una es de la placa del mercado, otra es del antes y después de las sillas de los aseadores de calzado (boleros) de la plaza y la última es de uno de tantos semáforos que fueron instalados en el periodo de Nader.

Intentando describir esta acción de Mónica Villarreal, y de cierta manera a su persona, encontré que el diccionario contempla la palabra (adjetivos) miserable, envidiosa, mezquina, desdichada, infeliz y ruin. Aclaró que me interesa entenderla y describirla y no albergo la menor intención de ofenderla.

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