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La Comuna

El inquietante futuro del secretario Guerrero

 

José Ángel Solorio Martínez

Los exsecretarios de Salud de Tamaulipas, Vicente Hérnandez Navarro y Marcela Hernández Campos, dejaron -en la dependencia que ocuparon- el tiradero y se fueron. No sanearon el sistema de salud pública, como era su deber y sí, lo hundieron en el más espantoso desastre que se recuerde: corrupción, ineficiencia, laudos laborales no pagados y una sangría institucional con cientos de aviadores.

El nuevo secretario, Ricardo Guerrero Morales que teóricamente cubrirá los dos años restantes al sexenio, no acierta por donde empezar.

Desconoce el entramado de la salud pública tamaulipeca e ignora, el monumental nido de deshonestidad en que convirtieron sus antecesores la medicina institucional.

Asimilado por la burocracia gubernamental, el doctor Guerrero desde el cargo de autoridad que le confirió el gobernador Américo Villarreal Anaya, se desprendió de la realidad que existe en las catacumbas de poder real.

Dicen que tuvo una carrera académica relevante.

Quizá quienes lo catalogan como un médico exitoso, estén en lo cierto.

El sistema de salud en la región es una viscosa mezcla de tráfico de influencias, expoliación presupuestal, escamoteo de medicinas, lucro del personal médico con la infraestructura pública para uso privado, moches a proveedores y venta de plazas. Es decir: es un catálogo de ilícitos que más bien es responsabilidad de las diferentes fiscalías y no de un bien intencionado secretario, que ha navegado en las tranquilas aguas de la academia.

Las fallas de sus predecesores son acumulativas.

O sea: ya no sólo son de Vicente y Marcela; ahora corresponden -será corresponsable- también al nuevo secretario.

Está a tiempo de un deslinde.

El no denunciar, no informar, de los estropicios heredados lo hace cómplice.

Y ser parte de ese legado oscuro de Marcela y Vicente, no es cualquier cosa. Será una de las áreas más censuradas de la administración de Villarreal Anaya, en el porvenir, de aclararse para revertirlas; o al menos, que la ley actúe como corresponde.

Algo muy podrido está brotando en el sector salud. La inocente Marcela, tomó el mando de la secretaría sin conocer el gran albañal en que el PRI, el PAN y MORENA, convirtieron la atención médica pública tamaulipeca.

Dicen, que presentó su renuncia, al borde del vómito.

Muy probablemente tuvo razón: era sólo un ente decorativo porque los movimientos pasaban por su escritorio y su aval, sabiendo que a todas luces eran irregulares y algunos hasta ilegales.
Inquietante futuro para el médico Guerrero.

El próximo sexenio, posiblemente, andará a salto de mata.

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