
José Ángel Solorio Martínez
Ante la actitud de Arnulfo Rodríguez Treviño, líder de la Sección XXX del SNTE, de secuestrar la convocatoria para nombrar sucesor, el aspirante al liderazgo magisterial tamaulipeco, Enrique Meléndez Pérez, lanzó una alerta: habrá movilizaciones. Dio a entender, que los profesores que lo apoyan tomarán las calles para evitar la continuidad de un grupo de maestros que, aseguran, no los representan.
No sólo es un llamado al CEN del SNTE, es también una señal para el gobierno estatal.
Mucho retrasó los planes educativos la pandemia en Tamaulipas; y luego, se sumó el conflicto entre el magisterio y la administración de Américo Villarreal Anaya -casi dos meses de entorpecimiento laboral- como para permitir que otro problema se sume al notable rezago educativo en la región.
Los tiempos del magisterio, son los de los dirigentes, no son los de las bases; los de Arnulfo, buscan que el año electoral los beneficie con regidurías, alcaldías, diputaciones y demás migajas; los del profesorado, es la legítima aspiración, de nombrar a verdaderos interlocutores con las autoridades de educación.
Justamente, ese es el choque intestino que estamos viendo.
La convocatoria debería ser publicada en octubre, según las fechas oficiales del SNTE. Los aspirantes, ante la proximidad de este documento- ya andan en campaña. Por todos los rincones del estado los precandidatos, han estado haciendo presencia.
Miles de profesores, han estado participando con uno u otro candidato. De hecho: no hay ciudad importante, que no haya sido visitada por los aspirantes. La participación de las bases magisteriales es jubilosa y esperanzadora.
Unos con más, otros con menos seguidores; todos, forman una amalgama que refleja la importancia que los profesores dan al liderazgo de la Sección.
Destaca la ausencia de mujeres en esta contienda.
Al parecer, el SNTE sólo considera a las educadoras para cargos menores.
¿A quién beneficia el resguardo de la convocatoria?
Únicamente al grupo de Arnulfo y seguidores.
¿A quién perjudica?
A todos: a los tres aspirantes, al gobierno estatal y sobre todo lesiona al sistema educativo público.
A los candidatos, porque están muy encarrerados en la pugna; a la administración estatal, porque el freno de proceso sucesorio le generará inevitablemente ingobernabilidad y le obstaculizará una de las principales tareas de gobierno: tutelar la educación pública; y lastimará toda la estructura de enseñanza, al impactar negativamente en los estándares de su calidad.
¿Vale la pena correr esos riesgos sólo por la ambición, de unos cuantos líderes?
Es mucho lo que está en juego, para que el SNTE y el gobierno estatal permanezcan omisos ante el zipizape que se avecina.



