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La Comuna

Latigazo a los políticos tamaulipecos

José Ángel Solorio Martínez

Uno de los actores políticos tamaulipecos que sale lastimado con el nuevo liderazgo nacional de MORENA, es el senador José Ramón Gómez Leal. La esencia del discurso de Ariadna Montiel, relevo de
Luisa Alcalde, fue el enfático plan de desterrar la corrupción de su partido.

En la región, el cuadro morenista que posee el más cargado historial de desaseo en su praxis política recae en su persona.

Es largo su paso por el servicio público.

Fue diputado local por el PAN; delegado de los programas sociales federales gracias a la compra del cargo por medio de Andy Lopez Beltrán y Augusto Lopez; y senador de la República en donde ahora está.

En todos las responsabilidades que ocupó siempre se distinguió por el desdén a su trabajo. Como diputado local panista, solo se presentaba a cobrar; como delegado de Bienestar puso a un montón de jovencitos a ocupar cargos que finalmente le sirvieron para alimentar su proyecto político y no la atención de los tamaulipecos más vulnerables.

Es parte indivisible de una familia que saqueó y lapidó a Tamaulipas. Pocas veces se había visto un gobernador, como su cuñado, que se enriqueciera en esas dimensiones con el poder.

Obvio: él recibió beneficios de su consanguineidad.

Intentó hacer dinero por sí mismo. Se hizo hotelero pero lo lícito no fue su fuerte.

Al poco tiempo se involucró con los poderes fácticos y los hizo socios en un moderno gym y en algunos bares y restaurantes.

Nunca fueron florecientes esas empresas. Comprendió pronto que la política era la actividad más rentable y que el poder significaba la actividad más fructífera en la frontera.

Su gran oportunidad estuvo en MORENA. El dinero de su padre y su cuñado le abrieron las puertas en una clase política emergente ávida de autoridad y deseos febriles de desplazar a una desprestigiada clase decadente.

Desde su posición de delegado, instaló a varios de sus cuates en las lucrativas aduanas de Tamaulipas.

Si: pusieron la iglesia en manos de Lutero.

Tan bien le fue, que hasta tuvo aspiraciones de gobernar Tamaulipas.

Y como no: se había convertido en socio de Andy y Augusto. Los poderosos brazos de AMLO.

Para desgracia suya y la de sus testaferros esos personajes todopoderosos en MORENA durante seis años, ya no lo son. Pesan sobre ellos muchos eventos censurables.

Ya hasta sus viejos aliados de Reynosa le rehúyen.

Hay razones: huele a guachicol.

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