
José Ángel Solorio Martínez
La izquierda mexicana, mucho ha aportado al desarrollo del país. Uno de sus más grandes logros es el sustancial avance en la relación capital-trabajo.
No fue fácil ese hecho.
Represión, violencia de grupos paramilitares pro patronales y la satanización de un sistema que resistió y resiste hasta ahora con métodos legales e ilegales para evadir el cumplimiento de los derechos laborales que consigna la ley.
En 1924 fue la primera conmemoración del 1 de mayo en el Zócalo de la Ciudad de México. Convocaron a ese acto en medio de intensas luchas huelguísticas del país, militantes de la Casa del Obrero Mundial, decenas de otros grupos anarquistas.
Ahí en medio de la festividad proletaria estuvo un contingente de trabajadores tamaulipecos. Eran los huelguistas petroleros de la Compañía El Águila, que combatían a los capitales extranjeros que se negaban a cumplir con los mandatos de la Constitución.
La solidaridad proletaria con los petroleros del sur de Tamaulipas en mucho contribuyó al triunfo de los paristas. Justificadamente fueron vitoreados por miles de trabajadores provenientes de todo el país que acudieron con mucho esfuerzo, hambre, sangre y sudor de los obreros que costó esa victoria.
Gracias a esas gestas -que en mucho delineó nuestro nacionalismo y patriotismo- la Constitución de 1917 aterrizó en las regiones del país y a solidificar al Estado mexicano.
Jamás lo entenderá la derecha mexicana. Su visión gringofila, le oscurece el reconocimiento del fruto de las movilizaciones de la izquierda en el país de bienestar que ahora vivimos.
Quién impulsó las ocho horas diarias de jornada laboral para los obreros?
Los patrones, no.
La derecha, no.
Los norteamericanos, no.
Aunque les arda y duela reconocerlo: los trabajadores y los gobiernos progresistas.
Quien obligó a los empresarios y al gobierno instaurar el derecho a la salud a la fuerza de trabajo?
La derecha, no.
Los patrones, tampoco.
Los gringos: menos.
Fueron los trabajadores que se pusieron a la izquierda de las dinámicas sociales.
Al contrario: la derecha transformada en bandas neoliberales se empeñaron en vulnerar todos esos derechos: contuvieron el ascenso de los salarios mínimos y privatizar los derechos a la salud y a la vivienda del proletariado.
Se necesita mucha vileza para regatearle todo ese legado, que nos ha beneficiado a todos, a esas jornadas ejemplares de los obreros del mundo y particularmente a los mexicanos.
Se requiere una mezquindad mayúscula para minimizar la principal herencia de los trabajadores: la creación de la riqueza social que los mexicanos gozamos.
Por eso este mes de mayo, debemos hacer un homenaje a todo el proletariado nacional.
Esa es la mejor actitud para hacer irritar a una derecha extraviada y pro imperialista, que odia y desprecia a quien les da de comer y pone en el mercado los más indispensables bienes de consumo.
Ya lo dijo el profeta Marx, quien crea la riqueza, es el trabajo; no el capital.



