
José Ángel Solorio Martínez
El único candidato al liderazgo de la Sección XXX del SNTE, que maneja una narrativa sustancialmente crítica al actual núcleo dirigente del profesorado tamaulipeco, es Enrique Meléndez Pérez. Tanto Naif Hamscho como Abelardo Ibarra, operan con un discurso opositor contundente; pero el de Enrique, es altamente propositivo.
Promete devolver el poder a las bases.
¿Quién se puede oponer a esa demanda?
Es realmente subversiva esa bandera sindical.
No es una promesa vacía; toma dimensión cuando el magisterio regional no ha sido del todo bien representado por sus líderes: han pactado en lo oscurito por privilegios particulares y de pandilla, y no para la generalidad de sus representados.
De hecho, esa fue la falla estructural de la sección; llevaron a los profesores a una confrontación con la oficialidad con falta de pericia y visión estratégica que los sitió en un callejón sin salida que tenía a todas luces la configuración de una victoria pírrica para el magisterio.
Por ese motivo, Meléndez, concita a la unidad y a la cohesión en torno a su aspiración. Su candidatura, se está endureciendo con los viejos activos de Arnulfo Rodríguez Treviño que lo apoyaron incondicionalmente en el pasado.
En efecto: los más valiosos cuadros de Arnulfo ahora voltean a ver a Enrique como la solución a la problemática y se suman a su campaña por todo el estado.
Mientras el candidato oficial Ulises Ruiz Pérez, despliega su proselitismo balbuceando la retórica añosa del SNTE, que lejos de convocar a los profesores, los aleja por lo insustancial de su proyecto. El desgaste producto de años de desatención a los profesores; su conducta antisindical permanente; y la ausencia de carisma, lo mantienen muy debajo de las preferencias del magisterio tamaulipeco.
Ya encarrerado Meléndez Pérez lanzó una novedosa oferta gremial: promover en la Sección XXX la renovación de mandato.
Ese ofrecimiento es más bien retórico; requeriría un cambio en los estatutos del SNTE y está muy lejos de la aceptación de sus anquilosados dirigentes nacionales. Lo que no se puede negar: es su validez en la coyuntura que vive el magisterio; invita al debate y a la reflexión en un sindicato que se le cuestiona su operación en la defensa de los intereses fundamentales de los educadores.
No se asume como candidato; se ve como facilitador de un proyecto de renovación sindical. Es la teoría de Pichon- Rivière, educador argentino: la tarea es el líder. En otras palabras: el programa es el aglutinador de los esfuerzos.
¿Y Ulises?
Desorientado y omiso a la nueva realidad del SNTE.
Eso es hasta ahora.
El futuro depara más desgracias para el candidato oficial: la potencial manufactura de la poderosa coalición entre Naif, Abelardo y Enrique para enfrentarlo en las urnas.
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