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La Comuna

Sobre la movilización de la IV T

 

 

José Ángel Solorio Martínez

Dese hace décadas participo -y observo- en marchas de la Izquierda, en la región y la nación. Miles desfilando por las calles, trasudando esperanza, coraje y porque no: frustración, ante el silencio gubernamental y algunas veces sufrir la represión para silenciar las voces disidentes.

La violencia, nunca desbordó las demandas de los manifestantes; y cuando ésta aparecía, provenía de los gobiernos o de los grupos paramilitares.

Ni la más amplia demostración masiva de sentimiento anti-gubernamental en la historia del país -los actos contra el desafuero de AMLO en el gobierno de Vicente Fox- se rebasó el límite de la civilidad.

Incluso los momentos más amargos para la Izquierda y el pueblo -el fraude electoral del 2006, que instaló en la presidencia a Felipe Calderón- el movimiento encabezado por AMLO evitó el peligroso sendero de la tropelía.

El 2018 todo cambió.

Los eventos de apoyo a la IV Transformación -y su dirigente, López Obrador-, dieron un vuelco a las concentraciones de masas.

La ira, la frustración, el rencor social, el desaliento quedaron atrás.

Ahora las expresiones populares, son de júbilo, triunfales, de esperanzas realizadas y de un presente complaciente y un porvenir mejor.

En suma: son una fiesta.

En el pasado, eran combativas: las masas orgullosas, gritaban y festinaban por el futuro luminoso en el cual creían; hoy, festejan el presente que ofrece la IV T. Nunca abandonaron la utopía: actualmente, pueden palparla con sus manos, aún y cuando se tenga enfrente un camino largo por recorrer.

Más de trece millones de mexicanos rescatados de la pobreza extrema, es una cifra para vitorear; no para

cuestionar.

El incremento salarial, como nunca en más de treinta y seis años de gobiernos neoliberales, es para aplaudir; no para generar incomodidad.

La recuperación de los recursos petroleros para la nación es desde el punto de vista popular, histórico y plausible. Igual haber logrado rescatar las aguas nacionales para el uso de todos, es parte del cambio que prohíja consensos a la IV T y su Segundo Piso.

Sólo las élites -y quienes ilusoriamente, quieren formar parte de ellas- pueden estar en desacuerdo.

Nunca como ahora, el voto ciudadano había sido herramienta válida para elegir el rumbo y el futuro del país. Y eso, aunque la derecha no lo comprenda, es la democracia en su más alta expresión.

El Zócalo lleno no fue únicamente una masiva respuesta a las políticas de la IV T y su Segundo Piso; fue el aplastamiento de la derecha y sus políticas neoliberales.

Algunos teóricos de las revoluciones consideran que éstas, se generan “cuando el pueblo cambia de actitud”.

México es uno de esos casos.

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