
Por Oscar Díaz Salazar
Con mucha curiosidad y altas expectativas acudí al lugar al que me invitaron para platicar con un alto funcionario, que tenía una amplia carrera en la política y la administración pública.
En su currículum destacaba haber sido regidor, diputado federal en dos legislaturas, presidente municipal y dirigente en su sector, y con esto no necesito decirles que fue priista, aunque ya estaba asimilado a morena, como se denomina el PRI de los tiempos actuales.
Un amigo en común me invito a dialogar con el personaje de esta historia, con el que le unía una amistad que, conforme los fui escuchando en esa conversación, me pareció genuina y no la relación de tolerancia y conveniencia mutua que suele llamarse amistad entre políticos y periodistas.
En algún momento de la conversación que se prolongó por un par de horas, entre los momentos previos al consumo de una buena dotación de carne asada con los complementos de rigor, y una agradable sobremesa, surgió el tema de mi origen familiar y geográfico.
Mencione que era reynosense de primera generación, hijo de padre de Camargo, Tamaulipas y madre nacida en Tula Tamaulipas; lo que dio pauta para que el funcionario del gobierno estatal me dijera que su señora madre también vivía en Reynosa, en un barrio de gente trabajadora.
Con la voz afectada por el orgullo y el cariño a su Madre, nos platicó que su Madre trabajó por muchos años en un restaurante de carnes asadas ubicado en la salida de Reynosa rumbo a Ciudad Victoria, y que su trabajo consistía en hacer tortillas de harina y de maíz.
Esa forma de platicar sobre su señora Madre, reconociendo su condición humilde y su oficio modesto, con naturalidad, con orgullo, con el cariño de un hijo y sin el menor ánimo de sacar provecho o por el contrario de sentir pena, me pareció un buen detalle, un gesto que demostraba lo bueno y positivo del personaje de mi historia.
Desde hace un buen tiempo quería escribir esta historia que hoy les comparto, un tanto temeroso de que resulte contraproducente mi intento por expresar la admiración por el funcionario que a pesar de sus éxitos no olvida ni desconoce sus orígenes.
Concluyo estas notas sobre un funcionario que si puede calificarse como humanista y que si tiene madre, una madre trabajadora que inculcó en sus hijos valores como el sentido de pertenecía, la solidaridad, el amor al prójimo y la voluntad de ganarse la vida con honradez y el trabajo arduo.



