
Por Oscar Díaz Salazar
En la etapa final del PRD, a pocos años de su desaparición o pérdida del registro, hubo un proceso interno en Tamaulipas para elegir el presidente del Comité Ejecutivo Estatal.
En ese tiempo, el partido del sol azteca perdía militantes y experimentaba la migración de muchos de sus “cuadros dirigentes”, al partido movimiento de regeneración nacional.
En ese contexto de achicamiento del PRD, del proceso interno que fue precedido por una campaña de afiliación masiva, quien resultó ganador fue el doctor Armando Valenzuela, empleado del cacique de Altamira, Juvenal Hernández Llanos.
Juvenal, que en ese tiempo gobernaba en Altamira con las siglas del PAN, se hizo del control del PRD a trasmano del doctor Valenzuela, que hasta ese momento era un liderazgo menor, aún en su propio municipio, e irrelevante en el contexto estatal.
No pretendo denostar la memoria del doctor Valenzuela, con quien coincidí en varias ocasiones, en términos amigables. Solo pretendo hacer la reseña de su acceso a la presidencia estatal del PRD.
Al fallecer el doctor, el hijo, David Armando Valenzuela Barrios, es designado gerente a cargo de la extinción perredista, y digo designado porque empezó a ostentarse como presidente, sin mediar un proceso eleccionario.
Los juvenales, ambos dos, al igual que los Valenzuela, se sometieron políticamente al liderazgo del gobernador Cabeza de Vaca.

Les comparto esta información para entender de dónde se emitió la recomendación para que Armando Valenzuela se conduzca hoy como líder del nuevo partido PAZ, partido que se considera la evolución o la secuela del PES, porque son los mismos promotores, los mismos dirigentes y los mismos dueños.
Administrar la liquidación de una institución, en este caso el PRD, gerenciar una empresa en su agonía o etapa final, no es la mejor recomendación para un ejecutivo, de ahí que resulte sorpresiva la aparición del junior Valenzuela en la acreditación del nuevo partido ante el organismo electoral de Tamaulipas.



