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El favorito Illoldi

Por Oscar Díaz Salazar

En cada ocasión que tengo de visitar la capital del Estado, recojo bastante información que me ayuda a entender la situación política. Me sigue sorprendiendo constatar que los victorenses están tan informados, a pesar de que muchos datos, relatos y circunstancias no se publican en medios de comunicación formales y/o redes sociales.

En muchas ocasiones recibo comentarios sobre los textos que les comparto, en los que me dicen que ese tema ya es viejo, que es cosa sabida, a lo que yo respondo que nadie lo había escrito antes, ni divulgado en forma pública, y que hasta ese momento eran simples confidencias de sobremesa o charlas de café.

Ya les he platicado mi opinión sobre el pacto no escrito que hay entre la clase política y los periodistas de Victoria, que son omisos con sus actores políticos, pero muy críticos con los “foráneos”.

No me extiendo más con argumentos que ya han leído mis lectores y que han provocado interesantes debates.

Los conceptos anteriores son la introducción a mi comentario de este día, que es una idea que ronda en el ambiente político de Ciudad Victoria y que consiste en la propuesta muy seria para impulsar al secretario del Trabajo, Gerardo Illoldi, para heredar el cargo de gobernador.

El proyecto sería una especie de segunda temporada del corazón de Tamaulipas, zaga de aquella historia en la que un muchacho bien agraciado, carita y simpático, conquistó el corazón de su creador, y el cargo.

El secretario con más propiedades que la hoja del nim, la moringa, el agua de tlacote, el nopal, la sábila y la soya juntas, ya no aspira a gobernar a los victorenses, las circunstancias hoy le favorecen, cuando más de un competidor ha caída de la gracia del señor, y ha decidido subir la apuesta.

Al igual que con El Geño de oro, no es el talento, la inteligencia y la capacidad lo que lo tiene en la vida pública al joven Illoldi. Con el riesgo de que me acusen de aplicar violencia política de género (diverso), les digo que es la percha, la galanura y algún talento oculto, lo que lo sostiene como funcionario público de primer nivel y lo que puede llevarlo a ocupar el máximo cargo público al que puede aspirar un tamaulipeco.

La condición humana sigue prevaleciendo en la vida pública. En el libro Los doce Césares, de Suetonio, puede usted encontrar múltiples ejemplos de la influencia que tienen los favoritos, los familiares, los mancebos, las concubinas, en las desiciones que toma el César, es decir el gobernante. Cuando sabes que esa ha sido y sigue siendo la constante en toda la historia del hombre, entiendes que escribir sobre los hechos no es de mal gusto, ni misoginia, ni homofobia, es simplemente llamar a las cosas por su nombre.

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