
Por Oscar Díaz Salazar
Entre los consejos que me dio mi amigo Juan Manuel Rodríguez Nieto (diputado local y dos veces regidor del Ayuntamiento de Reynosa), en vísperas de tomar protesta como miembro del Cabildo, recuerdo perfectamente la recomendación de tomar la palabra para involucrarme de inmediato en los asuntos que serían debatidos y en las decisiones que se tomarán en la asamblea municipal.
Me decía Nieto (QEPD): «Si no le entras desde el inicio, conforme transcurra el tiempo se irán haciendo más acalorados los debates y más temor escénico té causará la posibilidad de hablar, de exponer tus puntos de vista o de contrariar a los compañeros.»
Agregaba Nieto: «éntrale aunque te tiemble la voz, aunque tartamudees, aunque tengas dificultad para organizar tus ideas y tu exposición verbal y aunque te atemorice la asamblea o el público».
El consejo lo tome y me atrevo a decir que fui el regidor con más participaciones en el trienio en el que tuve el privilegio de ser parte del gobierno de mi municipio… Dicen que el gusto de ser regidor dura tres años, pero la vergüenza toda la vida… Lo digo con safo porque en cuanto a mi desempeño como regidor, tengo la conciencia tranquila.
Pero no es mi intención hablarles de mi, o de mi actuación en un cargo público. Les platico lo anterior pensando en que alguien le dio el mismo consejo a la diputada federal Casandra de los Santos, que ya debutó en el uso de la tribuna, en la sede alterna de la Cámara de Diputados en la que se discutió el tema de la reforma al Poder Judicial.

En un lustro pasó la representante del distrito tres, Casandra de los Santos, de muy discreta regidora de Rio Bravo, a oradora y protagonista en la máxima tribuna de la nación.
Desde luego que es muy buen inicio para la nutriologa de la hermana república de Rio Bravo, capital del sorgo, tomar la palabra y fijar su postura en ese tema tan candente.
Algo está haciendo bien, y con mucho valor, la diputada que ha sabido crecer para estar a la altura de retos cada vez más complejos, sorprendiendo hasta a a los amigos y colaboradores cercanos.
Habrá que monitorear su actuación para valorarla correctamente, pues siento que los comentaristas políticos no han (hemos) medido sus alcances.



