
Por Oscar Díaz Salazar
Es curioso, aunque lo hayamos visto muchas veces, como el mismo personaje que fue por mucho tiempo, y al dejar de serlo, se activa y hace y dice todo lo que se esperaba que dijera e hiciera, cuando era, pero no lo hizo.
El juego de palabras un tanto abstracto, lo escribo pensando en Luis René “El Cacharro” Cantú, quien se ha visto muy activo haciendo declaraciones de carácter político y teniendo presencia en redes sociales, en medios de comunicación formales y en encuentros con sus compañeros de partido, precisamente hoy que ya no es ni dirigente estatal del PAN, que lo fué por varios años, ni diputado local, que también lo fué en varias legislaturas.
El Cacharro Cantú ha buscado a los periodistas de Reynosa, a esos mismos que ignoró olimpicamente mientras tuvo hueso en la capital del Estado, quizás en la creencia de que los triunfos del PAN se prolongarían por varios sexenios.
El Cacharro Cantú se hace acompañar de varios políticos panistas, que en calidad de mirones escuchan y avalan su perorata con la que pretende justificar su aspiración a repetir nuevamente como candidato a la presidencia municipal.

El Cacharro Cantú pretende ganar la presencia mediática a la dirigencia estatal y municipal recién electa (y designada), con un protagonismo que jamas mostró cuando él mismo presidio el Comité Directivo Estatal.
El Cacharro Cantú no ha entendido el mensaje de las urnas, no ha comprendido que la expresión con la que se encumbró, no goza del aprecio de los tamaulipecos, y aquí por supuesto que me refiero a la corriente (bastante corriente) del ex gobernador Francisco N.
El Cacharro Cantú no entiende que los panistas que se mantienen fieles al partido y aun desean construir una patria ordenada y generosa, fueron los mismos que ignoró y desplazó su patrón Cabeza de Vaca, que por supuesto no ven bien a uno de sus aliados mas beneficiados.
El Cacharro Cantú no entiende que no le van a alcanzar los madruguetes, ni el falso consenso de panistas, todos franciscanos, para ser nuevamente candidato, a menos que nuevamente vendan la plaza, como suele hacerlo su patrón Francisco N.
Entiendo que pierdo el tiempo criticando al Cacharro Cantú, porque no se manda solo, porque actúa por instrucciones de Cabeza de Vaca, porque no le puedo exigir corrección política, ni madurez, ni sentido de la oportunidad, ni visión de futuro, ni decencia, ni cortesía.
Hoy como ayer, el Cacharro Cantú obedece a Francisco N a la manera de Gloria Trevi: con los ojos cerrados. Su fe ciega en San Francisco de Mission, lo lleva a cumplir instrucciones sin cuestionarlas, como esa de activarse en busca de ser el candidato a la presidencia municipal.
Por otra parte, no tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas de la versión que indica que desde el palacio municipal fomentan y patrocinan las aspiraciones del Cacharro, puesto que seria un rival bastante cómodo.



