
Por Oscar Díaz Salazar
En forma discreta, ordenada y silenciosa, como fue su vida, así concluyó su ciclo vital mi muy apreciado amigo German Sepulveda Beristain.
Compartimos cubículo y tareas en la Secretaría de Desarrollo Industrial, Comercial y Turístico del gobierno de Tamaulipas, a mediados de los años noventa.
Fue servidor público eficiente, a pesar de no tener muy buena impresión de los gobiernos, de los burócratas y especialmente de los políticos.
En las últimas semanas he experimentado varias perdidas de familiares, amigos y cosas materiales, y por eso es que no me había dado tiempo de escribir una columna que le debía a Germán desde hace mucho tiempo, tanto que el tema que me propuso dejo de interesarnos, por lo que hoy la suplo con el mismo ánimo que el señor Alberto Cortez le cantó a Juan, el niño de la calle de la Ciudad de México, cuando le dice:
Perdóname Juan la imprudencia
De advertir a la gente de tu existencia
Si no te importa, vamos al parque
Que tengo un par de cosas para contarte
German era un tipo decente, educado, sencillo, prudente. En cada oportunidad que visitaba Tampico, procuraba verlo para actualizar afectos, chistes, novedades.
Enterado por un amigo mutuo de su padecimiento, quise visitarlo en tres ocasiones en el último año. Ignoraba mis mensaje y después supe que su salud estaba muy deteriorada y no quería atender visitas.
Pocos días antes de su fallecimiento, su sobrino David me informó la condición de su muy querido Tío Germán. Su sobrino me contó también que German permaneció soltero y dedicó una gran parte de su vida a cuidar y acompañar a sus padres. Su abuela, madre de German, murió a principios de año y con el propósito de su vida atendido, German Sepulveda solo le sobrevivió unos cuantos meses.
El pendiente que tenía con German, para dedicarle unas palabras a manera de despedida, me lo recordó un familiar que me mostró una fotografía de un edificio construido por el Arquitecto Gaudi, pues fue German quien me enseñó por primera vez las fotografías de las obras de ese artista
Así era German, disfrutaba de las cosas hermosas, se maravillaba de las obras y capacidades del ser humano, de los edificios, de la gastronomía, de las plantas de su jardín familiar, de la conversación amena, del buen vino y cervezas.
Fue German, movido por el afecto, la primer persona que me sugirió escribir un libro, aunque en repetidas ocasiones me comentó que le gustaban mis textos, especialmente cuando no escribía de política.
Cuidar, cantar y trabajar, a eso dedicó su vida mi amigo German Sepulveda Beristain.
Saludo con afecto y respeto a familiares y amigos.



