
Por Oscar Díaz Salazar
De las ceremonias religiosas católicas (misas), a las que eventualmente asisto, me parece de lo más destacable y positivo, el momento en el que los asistentes estrechan la mano de los que están a su alrededor.
Que el ritual disponga que saludes a tus vecinos, y que la indicación se atienda sin importar la condición social de los que se acomodaron junto a ti para escuchar la misa, me parece el momento más importante de la misa, el que de cierta manera materializa el mensaje de amor al prójimo que difunde la iglesia.
No hago menos el resto del ceremonial, ni los cantares cuando son afinados y melódicos, ni los mensajes cuando son inspirados, emotivos y convincentes, ni los actos simbólicos, aunque poco los conozco y comprendo … Me quedo con el saludo al prójimo.
Con las proporciones guardadas, debo aceptar que me gustan algunas de las ceremonias cívicas que se llevan a cabo en este rincón de la patria, como la del abrazo que año con año se dan los gobernantes (en turno) de las ciudades de Reynosa y McAllen, en un evento cívico celebrado a mitad del puente internacional, cuyo momento cumbre es precisamente el del abrazo del presidente municipal de Reynosa y el Mayor de la Ciudad de Hidalgo, Texas.
El abrazo de las autoridades de dos pueblos vecinos, con intereses comunes, con afectos, con problemas compartidos, con intercambios comerciales, con afinidades, con espacio compartido, con geográfias similares, con retos que a ambos afectan, con actividades económicas complementarias, con posibilidades comunes, con historia compartida.
El abrazo que se dieron en este día Carlos Peña Ortiz y Sergio Coronado, nos sirve de recordatorio de todo lo que nos une a los habitantes de la frontera, a los pobladores de una región que a pesar de pertenecer a dos países con historia, visión y propósitos diferentes, han logrado convertirse en una comunidad que se complementa y que permanece unida con lazos afectivos e intereses compartidos.
Como dice la canción de Julio Iglesias:
«al final,
las obras quedan, la gente se va,
otros que vienen las continuarán,
la vida sigue igual.»
Así como hoy se abrazan Carlos Peña y Sergio Coronado, – que para esta tarea si tienen el consenso y la representación de sus pueblos- mañana lo harán otros individuos a nombre de los reynosenses y los ciudadanos de Hidalgo.
Y por supuesto que también Trump pasará.



