
Por Oscar Díaz Salazar
Se acabó la fiesta. La fiesta de los victorenses, que es de los tamaulipecos porque la pagamos todos los tamaulipecos, y no porque todos la puedan disfrutar.
La feria de Victoria tiene un diseño totalmente centralista. Se exige a los “provincianos” que hagan presencia en la capital y que entretengan y hagan obsequios al público victorense.
En las semanas anteriores, vi que varios de mis “amigos” de Facebook, publicaron fotografías de los módulos o “stand” de los diferentes municipios, luciendo abandonados y a obscuras, acompañando esas imágenes con el reporte de la hora y un texto en tono de reclamo por el abandono de su obligación de entretener a los capitalinos.
Supe de buena fuente que faltando unos tres días para la clausura del evento, varios módulos de los municipios participantes fueron visitados por ladrones. Les robaron televisiones, equipos de sonido, equipos de cómputo, artículos que serían obsequiados a los visitantes y objetos diversos.

El robo no es algo extraordinario para los expositores de la feria de Victoria. Más que algo excepcional, es la regla que ha obligado a varias delegaciones a contratar un vigilante (o dos) para poder regresar con los equipos completos a sus municipios de origen. Este gasto se suma a las pérdidas que tienen los expositores que acuden a la feria por cortesía o disciplina política, más que por lograr alguna ganancia económica, comercial o política.
El robo a sus pertenencias fue la razón del retiro de los expositores tres o cuatro días antes de la conclusión del evento.
La secretaria de Desarrollo Económico dejó al garete este compromiso que por tradición se encarga a la dependencia que estuvo a cargo de Ninfa Deandar. Supongo que por su renuncia no es posible responsabilizarla por lo que pasó durante la Feria y también supongo que como cada año, nadie se hará responsable del robo ni habrá compensación por el daño.
La Feria de Victoria es un ejemplo más del trato privilegiado que desde el gobierno del Estado le dan a la capital. En cada ocasión que escribo sobre temas similares, recibo críticas que simplifican mis opiniones y pretenden minimizarlas con el argumento de que yo no quiero a Victoria. No se trata de mis querencias personales, ni de un tema subjetivo, se trata de exhibir el centralismo que padecemos – los que lo padecemos- y que disfrutan los victorenses.



