
Por Oscar Díaz Salazar
Parecido al comportamiento de los electores de Nuevo León, que en los últimos años han tenido gobernadores del PRI, muy chamacos; independiente, supuestamente muy bronco y de Movimiento Ciudadano, esposo de influencer, en la capital mundial del sorgo, Rio Bravo, Tamaulipas, también suelen elegir gobernantes de chile, de azúcar y de manteca.
Rio Bravo ha tenido presidentes del PRI, del PAN, de una coalición de facto PAN / PRD, del PRD, del PT y elegidos por el PAN y conversos al PRI y de morena. Ese grado de politización que tienen los riobravenses, y esa determinación por otorgarle el voto a sambaripipol y olote, nos permite decir que cualquiera puede ganar en Rio Bravo, y si bien esta afirmación es un factor esencial en democracia, sabemos que no siempre, y no en todo lugar, se cumple esta condición ideal para la vida democrática.
En estos momentos se augura, -con alegría desde el partido gobernante (PAN) y con pesar desde la oposición de morena, el triunfo de Miguel Ángel Almaráz Maldonado-, para extender otros tres años su reinado en la hermana república de Rio Bravo.
Una de las razones principales para asumirse derrotados desde antes de iniciar la contienda electoral, es que desde la coalición que gobierna en el país y en el estado, en las filas de morena, PT y Verde, sobre todo Verde, se opera para favorecer el gobierno del ex perredista y hoy panista Almaraz Maldonado.

Con malestar describen los morenos riobravenses que tienen en contra a la diputada federal Casandra de los Santos, quien inició su carrera política como regidora independiente en la planilla de Miguel Angel Almaraz, derrotado en esa elección, pero triunfador mas adelante con las siglas del PAN.
En las filas de morena en Rio Bravo se sienten rehenes de la diputada verde y asumen que así estarán los siguientes seis años por lo menos, los primeros tres tirándose a la lona para prolongar el gobierno de su padrino Almaraz, y el siguiente trienio recogiendo de manera personalísima el pago por su cooperación.
La solución para mitigar el daño es postular el siguiente año a la diputada Casandra de los Santos para enfrentarla a su padrino y obligarla a romper el pacto con su patrocinador político, logrando por lo menos la posibilidad de obtener una diputación federal para alguien mas comprometido con las siglas y con el proyecto.
La peor opción para morena en Rio Bravo es sujetarse a los calendarios de la dupla Casandra – Almaraz, marcando el paso que les señala el guachicolero arrepentido por robarse un Duvalín.



