
Por Oscar Díaz Salazar
En un evento de campaña de un candidato a secretario general de la Sección 36 del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, escuché a una oradora que denunciaba al rival del candidato de su preferencia, señalándolo de solicitar favores sexuales a cambio de contratos de trabajo, para las trabajadoras eventuales o “transitorias”, para decirlo en la jerga petrolera, y de ofrecer otro tipo de ventajas a las trabajadoras de planta.
“La militancia del colchón” fue la expresión que utilizó la empleada de PEMEX que pertenecía a la Sección 36 del STPRM, para referirse al trato carnal que tenían que cumplir las trabajadoras, para conseguir chamba.
Me acordé de la “militancia del colchón”, a propósito de la reforma que pretende inhabilitar a cónyuges, concubinas, amantes y a todas y todos los que comparten colchón con un gobernante, a ser postulados para ese mismo cargo.
Por la militancia del colchón, con firma o sin ella, con bendiciones o por la libre, con acta o sin acta, con alguna de las tres leyes o sin ellas, por esa vía de la militancia del colchón han llegado a ejercer cargos de gobierno, muchos individuos, y pretenden hacerlo muchos otros más.
El corazón de Tamaulipas fue lo que fue por la militancia del colchón. Rosa Luz Alegria es quizás el caso más visible, de los tiempos modernos, de eso que estamos hablando, su carrera política terminó cuando los de arriba optaron por algo más diverso. En el sexenio del sombrero hubo varios caso de carreras impulsadas por esa vía. En una anécdota que parece chiste, le atribuyen al economista de Matamoros que actualmente cursa la jail escul, la máxima que señala: el camino más seguro para triunfar en la política, es el recto… versión alternativa y diversa para la militancia del colchón.
En el ache Congreso del Estado también hay, hoy como ayer, curules donde se posan (in)dign@s practicantes de la militancia del colchón.
Es previsible que será muy difícil eliminar esa práctica de empoderar a los individuos con los que los gobernantes comparten colchón, o para decirlo en términos que en su momento se utilizaron para aludir a Marta de Fox, con quien se comparten ocho horas de sábanas.
La reforma servirá para avivar la discusión con los políticos, -mayoritariamente mujeres, aunque no solo mujeres-, que plantean que “no se vale” indagar las relaciones afectivas (con el colchón incluido) de un individuo bajo ninguna circunstancia, aunque sean esas relaciones las que explican el empoderamiento, la influencia, la cesión de poder y el manejo de recursos públicos, de la parte de la pareja que no fue votada, ni electa para ejercer un cargo.
Termino diciendo que me parece correcta y muy sana esta propuesta para cerrar el paso a querreques, segundos frentes, aquellitas, aquellitos, esposos, esposas, novios y novias del Bienestar, quelites, concubinas, amasios y todos esos personajes, hombre, mujer o quimera, que han construido una carrera política porque están dispuestos a triunfar aplicando la fórmula: cuésteme con quien me acueste.



