
Por Oscar Díaz Salazar
Al iniciar el sexenio de Lopez Obrador, la dirigencia del partido gobernante, morena, anunció que más de la mitad del presupuesto que manejaban, de las prerrogativas que les entrega el INE y las cuotas de sus militantes, lo destinarían a la “escuela de cuadros”. En su momento, me pareció muy acertada esa decisión, considerando que en el proceso de tomar el poder y consolidarse como la fuerza política mayoritaria, habían hecho alianzas con individuos de toda laya, incluyendo a sujetos de baja caterva moral, como dice el colega Lupe Ernesto.
En ese afán de conseguir el poder, los dueños de morena le abrieron las puertas a todo tipo de personajes, buenos y malos, malos que se purificaron al ingresar al movimiento, y buenos que no conocen ni comparten la filosofía, ideología, actitudes, prioridades, pensamientos y sentimientos de la izquierda, y por eso me pareció muy sabia la medida para fortalecer la escuela de cuadros, instancia que se encargaría de decirles a los neo morenistas, -todos son neo-, de que se trata eso de ser progresista, de izquierda, nacionalista y revolucionario.
El tiempo nos ha demostrado que esa intención de adoctrinar y preparar a sus mílitantes en la escuela de cuadros, ha sido un esfuerzo pequeño y aislado, que para nada corresponde a lo que ofrecieron y que se podría lograr si destinarán la mitad de los recursos del partido a ese propósito.
Ni el partido está cumpliendo con esa tarea de ofrecerles su catecismo a sus feligreses, ni los gobiernos acompañan el esfuerzo con las obras y acciones para ponderar y enaltecer los personajes y los acontecimientos que son afines y nutricios de esa corriente de pensamiento.
Contrasta en este panorama que les comparto, el discurso de la senadora de Chihuahua, Andrea Chavez, ponderando a los guerrilleros que el 23 de septiembre de 1965, intentaron tomar por asalto el cuartel militar de Ciudad Madera, Chihuahua, para denunciar los abusos de militares y caciques de la región, y pugnar por el reparto de tierras. La joven senadora tuvo palabras de elogio y reconocimiento a los militantes de la guerrilla, y se reconoció como continuadora de esas luchas sociales, que en una época se hizo por la vía armada, y que luego se ha continuado por la vía electoral.
En nuestra región, que es frontera con Estados Unidos, se vuelve más urgente y necesaria la tarea de compartir la visión y los valores de morena, pues aquí existe una predisposición a favor de la antítesis, del capitalismo y de la derecha, lo mismo porque tenemos muy cerca el ejemplo, pero también por el adoctrinamiento de los medios de comunicación, televisión, cine, música, etc.
La escuela de cuadros y los gobiernos, de morena, no han hecho la tarea, no han logrado ganar la batalla cultural, y por eso tenemos gobernantes que privatizan los bienes públicos, que no creen en el estado laico y están dispuestos a violar la ley para imponer sus convicciones religiosas; por eso tenemos gobernantes y pseudo simpatizantes de morena que ven bien el llamado a que los gringos nos ayuden a poner orden en la casa, que no creen en el matrimonio gay, ni en la legalización del aborto, que quisieran tener un Bukele en la presidencia, que están en desacuerdo con los apoyos a grupos vulnerables, becas a estudiantes, y transferencias a adultos mayores, que no creen ni en la educación pública ni en la medicina social.
Por miles se cuentan a los que se asumen militantes y simpatizantes de morena, porque siempre están de lado del que gobierna, pero no creen ni comparten los puntos de vista que son fundamentales para una expresión política… son panistas o priistas u otra cosa, pero no de morena.
Se sabe que en la cúpula morenista tienen la intención de sanear sus filas, de purificarse, de sacudirse a muchos compañeros de viaje que hoy son incómodos y sus diferencias son cada vez más notorias y conflictiva su convivencia. Creo que el fortalecimiento de la escuela de cuadros es una buena herramienta para autodefinirse y mejorar.



