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Regalos

Pan de pobre

Por Oscar Díaz Salazar

Dos piezas de “pan de pobre”, preparados en horno de piedra en una comunidad de la sierra de Guerrero, entregada en la puerta de mi casa por mi amigo el doctor Regino Bermúdez Alvear, me hicieron recordar la enorme riqueza que he podido disfrutar en mi paso por este “Valle de lágrimas”, como decían los clásicos. Aunque suene trillado, soy millonario en amistades que tienen esos grades detalles conmigo.

Tamales de venado
Mitad y mitad, mitad de puro venado y mitad revuelto con carne de cerdo, así fue la docena de tamales que me obsequió en la última temporada de cacería de venado, mi amigo Leonel Cantú Robles.

Creo que el amigo Leonel había leído el texto que a manera de elegía escribí de mi otro amigo Juan Gonzalez, (QEPD), en el que recordé las veces que me regaló tamales de venado.

Aunque los amigos son únicos e insustituibles, con esa docena de tamales que ya no me podría regalar Juanito, mi amigo Leonel me hizo saber que en él tendría otro buen amigo, y que estaba puesto para cultivar esa amistad… yo también estoy en eso.

Llavero
Una réplica en miniatura de las placas de automóviles que circulan en la capital española, con mi nombre estampado y con los aditamentos para funcionar como “llavero”, me trajo el amigo Coyote , alias Víctor Contreras, de su penúltima visita a la madre patria, donde residen sus hijos.

Aprecio el objeto, su utilidad y el significado afectivo que tiene el gesto de recordar al amigo y transportar un regalo desde otro continente.

Los clásicos
Decenas de ocasiones he leído referencias a dos colecciones de libros que han sido pilares en la formación cultural de nuestro pueblo y nuestros intelectuales. “México a través de los siglos” y la colección de “Clásicos de la literatura universal” que se editaron y distribuyeron en forma masiva en el tiempo en que José Vasconcelos fue secretario de Educación.

La colección completa de “México a través de los siglos” y veinte tomos de los clásicos, enriquecieron recientemente mi biblioteca personal, por la generosidad de mi amiga Sofía Flores.

Sofía dio por concluida su vida laboral y al “desmontar” su despacho de abogada, decidió regalar sus libros. Mucho agradezco y valoro ser el primer convocado a seleccionar los libros de mi interés.

Ignoro el costo de estas colecciones y si aún es posible adquirirlas, pero sé que tienen mucho valor, por su contenido y por el significado.

En términos coloquiales les puedo decir que mi amiga Sofía Flores “me dio en mi mero mole”.

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