
Por Oscar Díaz Salazar
Me parece muy buena la propuesta que realizó esta semana el diputado local Alberto Lara Bazaldua, que tiene como propósito abandonar la curul y cederla a su gurú, el guevarista trasnochado y de caricatura de nombre Byron Cavazos.
Alberto Lara es un farsante al que bien le aplica el apodo de rabanito, por aquello de ser rojo por fuera y blanco por dentro, tan blanco como el sindicato que regentea con el visto bueno de los directivos de la maquiladora agrupados en Index, de los muchachos y de algún aliado en el gobierno en turno.

Alberto Lara es un izquierdista de caricatura, que adoptó la parafernalia de la Cuba revolucionaria, para asumirse, en teoría, como afín a morena, y simultáneamente utiliza métodos gangsteriles para inhibir la participación de sindicatos y líderes que realmente defienden a los trabajadores; así ocurrió con las amenazas cumplidas contra Susana Prieto y después con los trabajadores que ya le ganaron varias elecciones y la titularidad de contratos colectivos.
Llamarle traicionero a Alberto Lara no es utilizar una figura retórica para denostarlo, se trata de describir su comportamiento con los trabajadores que representa y también con los actores políticos con los que se ha aliado en el pasado. Lara es de los que se dan vuelta en un dayme y le sobran centavos. El mismo cargo de diputado plurinominal (de oquis) desempeñó con los panistas durante el cabezato. Aliado y contrincante fue de La Doctora Maky Ortiz y no pasará mucho tiempo para poder decirle a la senadora Olga Sosa “te lo dije”.
La presencia de Lara en el grupo parlamentario de morena, era una ofensa y una burla para los militantes y simpatizantes de morena que vienen de la izquierda, y de la misma forma para los trabajadores que saben que Alberto Lara y el sindicato que dirige siempre han estado sometidos a los patrones, que por cierto son gringos en su mayoría.



