
Por Oscar Díaz Salazar
En esta semana que comienza, se puede marcar un punto de inflexión, un quiebre, un antes y un después en la vida de los reynosenses. Es en esta semana cuando las autoridades reconocen que no tenemos agua, que veremos un gravísima disminución en nuestra calidad de vida, que tendremos que poner un freno a nuestro crecimiento demográfico y al desarrollo industrial, todo esto y más va implícito, para quienes saben leer y comprender, en un comunicado de la COMAPA de Reynosa, que contiene el calendario semanal en el que los diferentes sectores de la ciudad tendrán agua.

Si bien ya teníamos muchos problemas y había sectores que desde hace muchos años solo tenían agua durante unas pocas horas un par de días a la semana, a partir de esta semana la suspensión de agua durante 4 días, de los siete que tiene la semana, será parejo para los habitantes de todos los rumbos de nuestro municipio.
La crisis del agua de Reynosa, como de todas las ciudades de la frontera tamaulipeca, tiene muchos factores, aristas, elementos, asegunes y guasumaras. Les compartiré algunos:
Dependemos del suministro de agua del río Bravo, cuyo reparto se estableció en tratados binacionales de los años cuarentas. Aguas arriba, se otorgaron concesiones a productores agrícolas, industriales y ciudades… Aguas abajo padecemos porque las aguas ya no fluyen, y porque el agua que resta está comprometida con los gringos.
El agua que nos llegaba del Río San Juan y otros, la retuvieron los regiomontanos en la presa «El Cuchillo», para utilizarla ellos con propósitos «domésticos» que más bien son industriales… El perjuicio fue para nosotros los habitantes del norte de Tamaulipas.
La Comisión Nacional de Agua le otorgó a Reynosa una «concesión» para tomar agua del río Bravo, hace más de veinte años, considerando las necesidades de ese tiempo. En la actualidad se establece una «cuota» de agua para Reynosa, multiplicando el volumen que se considera elemental por persona y por día, por los setecientos mil y pico, habitantes que según el INEGI tiene Reynosa… Y que en opinión de muchos de quienes aquí vivimos, es un número muy por debajo de nuestra población real.
En el medio donde se manejan las aguas, se sospecha que existe y es muy grave el robo del agua, y que hay guchicoleo hidráulico tanto en las zonas urbanas como en las aguas que maneja la CONAGUA.
Un amigo mío fue testigo de la forma como se daban las negociaciones por el reparto del agua en las oficinas regionales de CONAGUA. Era gobernador Manuel Cavazos Lerma y titular de la SEDESOL, Pedro Hernández Carrizales. Con datos técnicos, con argumentos históricos, con fundamentos legales, con política, con administración y con mentadas de madre y palabras subidas de tono, así defendía Cavazos Lerma el agua para los distritos de riego y para las poblaciones fronterizas. Hoy el Acuaman Quiroga, secretario de Recursos Hidráulicos del gobierno de Tamaulipas, es el principal promotor del proyecto para entregar el agua del Pánuco (Sur de Tamaulipas) a los regiomontanos y solo se preocupa de las carencias y necesidades de la capital del Estado, pues en lo que respecta a las ciudades de la frontera, lo único que pretende es el botín de las comapas.

Es evidente que el problema del agua de Reynosa, no es un problema para el Acuaman Quiroga. Para acá no ha mandado pipas, como las que le entregó a la COMAPA de Victoria; para acá no ha perforado pozos ultra profundos, como los dos que hicieron en Victoria, por cierto con nulos resultados; para acá no ha bombardeado las nubes, como lo ha hecho (dice) en los alrededores de Victoria; para acá no tiene propuesta de solución, ni proyecto ejecutivo, ni expediente en la Cámara de Diputados, como lo hizo con la línea dos del acueducto de Victoria.
Habrá que tomar medidas drásticas. Si la CONAGUA no nos da las concesiones, habrá que robarnos el agua, como ocurre con la luz en los Estados del sur. Si es el factor humano el que puso de rodillas la ciudad, el que generó esta situación que nos condena a vivir en la mugre, habrá que aplicar un correctivo de esos que se estilan por acá, y lo digo porque aunque el río Bravo lleva agua, no se puede disponer de ella porque la CONAGUA ya le dio el agua a otros o porque es la que le corresponde a los gringos.
El resumen de todas estas explicaciones que me compartieron expertos en la materia, lo puedo sintetizar de la siguiente manera: todo indica que los habitantes de la frontera de Tamaulipas «somos los más pendejos».



