
Por Oscar Díaz Salazar
Mucho antes de conocer a la abogada risueña y muy simpática, conocí a sus hijos, que también son mis amigos.
Coincidimos en el gobierno municipal de Cabeza de Vaca, ella fue regidora del Ayuntamiento y yo director de Planeación. Además de compañeros de trabajo, éramos vecinos de oficina y eso propició que con frecuencia pasará a saludar, a revisar los avances de las tareas en las que coincidimos y a platicar de política, de sus hijos y de las novedades del día.
En esas gratas conversaciones me enteré que ella había estudiado la carrera de Derecho, ya como madre de familia, con hijos adolescentes, compromisos laborales y al cuidado de su casa.
Todavía me río cuando comparto la anécdota del hijo y condiscípulo (suyo) que a pocos minutos antes de iniciar las clases en una universidad local (de Reynosa) pasaba por ella, en su Jeep y le decía: apúrese compañera porque llegamos tarde.
Fue de los primeros (en el tiempo) colaboradores de Cabeza de Vaca. En la oficina de gestoría del entonces diputado federal Cabeza de Vaca, los asuntos de asesoría jurídica los atendía la licenciada Sofía Flores. Después llegaron los Espino, los Ortiz Renán y mucho después, los grandes Despachos de renombre nacional y de facturas millonarias.

Sofía desempeñó un cargo en el DIF estatal, en los tiempos del vacato. Estar bajo la supervisión de la señora Mariana Gómez, implicaba un desempeño discreto, sin escándalos, sin complicaciones y sin broncas… Así ocurrió con mi amiga Sofía en su desempeño como funcionario del DIF Tamaulipas en áreas de carácter jurídico.
A Sofía le tocó participar en la construcción del proyecto político «Cabeza de Vaca», y me parece que no ha tenido la retribución correcta a esa colaboración. Cuando las cosas pintaron bien para Francisco N, aparecieron las «esposas de», «las hermanas de», «las primas de», y las «queridas de», para ocupar los espacios de primer nivel, los administrativos, los partidistas y los políticos que obliga la ley a asignar a las mujeres; y no está de más recordar que esas esposas, hermanas, primas y novias, estaban en su casa mientras unos cuantos – entre ellos Sofía- hacían lo que era necesario para lograr la alternancia en el Estado.
No es cosa menor para mi afecto a Sofía, las invitaciones a conversar y las gestiones que me ayudó a resolver favorablemente, en un tiempo en que yo publiqué decenas de cuartillas «criticando» al gobernador Cabeza de Vaca, un tiempo en que otros amigos panistas y/o filovaquistas, me evitaron, me evadieron , me sacaron la vuelta y pusieron en pausa la «supuesta» amistad que nos unía.
En ocasión de su cumpleaños, le mando un saludo y un gran abrazo a la licenciada Sofía Flores.



