El Fogón

Los voraces parásitos del PRI
José Ángel Solorio Martínez
Atípico, el comportamiento de dirigentes priistas de Tamaulipas, que se han escurrido hacia el PAN y no a otras organizaciones afines –MORENA, PT, Verde o MC–. De ello, se desprende una hipótesis de trabajo: en la época neoliberal el PRI se deslizó tanto a la diestra, que terminó hermanándose con el principal partido de derecha del país: el PAN.
U otro cuestionamiento:
¿El dinero pasó a desplazar los principios de una clase política tricolor expulsada del paraíso presupuestario en la región desde hace 10 años –los seis años de gobierno de Egidio Torre, se asemejaron más a una administración azul que a cualquier otra, más los 4.5 años de panismo de la administración que transcurre–?
Intentaremos dar explicaciones:
1.- La clase política tamaulipeca, es en esencia mayoritariamente conservadora. Por conservadurismo, debiéramos entender el poner la administración pública –a nivel municipal y estatal– al servicio de las élites. O sea: entregar las instituciones a manos privadas que encausen el tesoro público para beneficio de las minorías: contratos de obras, créditos para los favoritos del régimen, programas sociales para el saqueo y no para el auxilio de los ciudadanos más desprotegidos, salarios y compensaciones de potentados y la estructura impositiva amigable para los ricos e insensible para los jodidos.
En esas coordenadas, se insertaron en los últimos cuarenta años, el PRI y el PAN. Endeudaron el estado, dejaron en ruinas la infraestructura urbana y dirigieron a sus bolsillos miles de millones de pesos, que debieron ser orientados a proyectos sociales; como por ejemplo: las plantas tratadoras de agua que instituciones bancarias dieron a fondos perdidos a Ayuntamientos fronterizos. En este rubro, saben muy bien de ello, Oscar Luebbert Gutiérrez, Tomás Yarrington, y varios alcaldes de Nuevo Laredo entre los cuales destaca Ramón Garza Barrios.
2.- El escurrimiento de Oscar Almaraz en Victoria hacia el PAN; de Yalheel Abdalá en Nuevo Laredo; de Oscar Alexandre López y Omar Cantú en Reynosa; de los Sampayo en Matamoros; de Jaime Turrubiates en Ciudad Madero y Magdalena Peraza Guerra en Tampico, es el reflejo de que segmentos tricolores estuvieron siempre permeados de conservadurismo y de amor por las formas neoliberales de gobernar y de hacer política.
(Muchos otros representantes del PRI que fueron beneficiados con alcaldías y diputaciones locales, aún con cierto pudor se resisten a hacer pública su militancia; pero ya cobran en algunas nóminas azules. Sobre todo en Nuevo Laredo, Reynosa, Tampico y Victoria.
Al mismo tiempo, esa actitud de tan distinguidos cuadros tricolores en los tiempos de gloria, exhiben la derrota histórica de un partido que concluyó su ciclo vital enfrentando a su antítesis y su verdugo: el anti-neoliberalismo.
3.- La suma de esos ex próceres del PRI, no puede explicarse sin el objetivo conjunto –de la mano con el PAN– para blindar el régimen de privilegio que pasó como un poderoso sedal sobre el músculo del tradicional sistema político tamaulipeco configurado por el PRI y el PAN.
¿Acaso los renegados tricolores, han expresado siquiera por asomo que se requiere renovar una forma de organización gubernamental delineada en la actualidad para beneficio de unos cuantos y olvido de las mayorías?
No que se sepa, hasta hoy.
Para los amantes de la tesis de la sociedad polarizada: ciertamente, quien está trabajando por la polarización y alimentándola día a día, es la oposición moralmente derrotada.
Al menos en la comarca, le está saliendo muy bien.
En Tamaulipas, gracias al PAN, sólo existen dos polos en la disputa por el poder público: el PAN y MORENA.
En PRI, fue devorado por esos voraces parásitos que llevó siempre en sus vísceras.



